Profesionales del orden: furor por los servicios que mantienen la casa organizada

Profesionales del orden: furor por los servicios que mantienen la casa organizada

Vivir con menos es una de las premisas de Marie Kondo y el aspiracional de muchas personas que buscan despojarse de sus objetos; los servicios a domicilio se multiplican a pesar de los altos costos: cuestan desde $1000 por hora

 

En un mundo cada vez más superpoblado de objetos descartables -y que ya está viendo las consecuencias económicas, ambientales e incluso psicológicas de ese exceso- una mujer japonesa propuso una idea tan sencilla como revolucionaria: vivir con menos. Primero desde sus libros y luego desde su propia serie de Netflix (que levantó polémica), Marie Kondo llevó a las masas el método KonMari, inspirado en la tradicional religión japonesa shinto. Lejos tanto del culto del consumo como de una idea «obsesiva» de la organización del hogar, una de las características más salientes del método KonMari es que propone la alegría como criterio para elegir los objetos que nos rodean. Así, quedan sentadas las bases del furor que Kondo: la organización de los espacios que habitamos no solamente como una herramienta de comodidad, sino también de bienestar emocional.

Muchas personas, a partir de la tendencia, empezaron a intentar despojarse de aquello que no les brindaba alegría: sin embargo, no pocos se encontraron con que producir y mantener el orden en sus casas era menos fácil de lo que creían. La oferta y la demanda hicieron su trabajo y surgió entonces un incipiente mercado: el de los «organizadores profesionales», que trabajan asistiendo a otros a ordenar sus espacios privados.

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Cada cual con su manual

Pero ni todos los organizadores trabajan de la misma manera ni todos los clientes necesitan lo mismo: Fernando Diez, empresario, de 34 años («soltero con tres perros», aclara), prefirió aprovechar sus vacaciones para irse de su casa y dejarle a Brenda Haines -la organizadora que contrató- libertad de acción completa. «Fue un desafío para mí eso -plantea-, pero quedé mucho más que satisfecho. Me siento mucho más feliz en la casa, la veo distinto, si bien siempre estuve contento ahora estoy contentísimo y toda la gente que viene a casa -soy bastante social, hago muchos eventos- todos lo notaron y les encantó». Fernando se confiesa desordenado, «pero a veces necesito el orden, por eso elegí delegarlo»: no lo piensa tanto desde un costado emocional como desde la practicidad y la comodidad de tener todo cerca y encontrar sus cosas, más teniendo en cuenta que viaja mucho por trabajo. «El orden es primordial, pero a mí me cuesta, no me sale naturalmente… y además sí genera una paz que está buena, lo superrecomiendo», afirma.

Brenda organiza todos los espacios de la casa: suele pedir fotos y en función de ellas calcular los días que le tomará el trabajo. «Suelo ir con una asistente o dos, y una vez que estamos ahí damos vuelta el espacio: clasificamos, rotulamos todo, le encontramos un lugar a cada cosa, si es ropa les enseñamos a doblar… al cliente que quiera participar, claro, porque muchos prefieren no estar, eso depende de cada uno», explica. «La idea siempre es dejarles una guía o enseñarles a doblar para que lo puedan mantener. Igual siempre digo, dejamos todo ordenado de manera que parece un jardín de infantes: con todo rotulado y organizado es muy difícil que no lo puedan mantener, con muy poquito esfuerzo», agrega.

Hay muchas razones, dice Brenda, por las cuales una persona puede convocar a una organizadora profesional: «Algunos no saben por dónde empezar, o trabajan afuera todo el día y no tienen tiempo… muchas veces es alguien que está deprimido y no puede, muchas veces es alguien que no sabe o no quiere o no le gusta y muchas veces también cuando hay una pérdida de un familiar y les cuesta mucho sacar las cosas de alguien que ya no está y necesitan a alguien que venga a darles un empujón». En relación con el tipo de clientela que recibe, Brenda dice que es muy diversa en términos sociales y económicos, pero resalta que en general son mujeres las que la convocan, vivan solas o con otros, lo cual no sorprende, teniendo en cuenta que la organización del hogar todavía es considerada socialmente una responsabilidad femenina (la amplia mayoría de las organizadoras profesionales son, también, mujeres).

En cuanto a su método, Brenda tiene varias estrategias: divide los ambientes en cuatro partes, rotula absolutamente todo para que cualquiera pueda encontrar y volver a guardar las cosas fácilmente (no solamente el que ordenó) y encontrarle a cada cosa su lugar lógico. «Fundamentalmente me gusta eso, encontrar el lugar de cada cosa y enseñarle al cliente a mantenerlo», cuenta.

 

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Consejos prácticos

  • Rotular todo: Con un marcador o con etiquetas, escribir en cada lugar de la casa donde deben ubicarse los objetos
  • Dividir los ambientes: Dividir sirve para organizar el trabajo y que, si en la mitad nos aburrimos, que lo hecho no haya sido en vano..
  • Limitar objetos: Sin necesidad de ser un minimalista ortodoxo, ponerse límites a la cantidad de objetos que poseemos para llevar un control a la hora de comprar.